Hace varios años mi papa me envió U$500 dólares, algo muy pero muy poco común, a pesar de los afanes de esos días y de las mil cosas en las que se podían gastar o invertir y por encima de los pequeños pero directos reclamos de Gabriela que prefería un sofá o unas vacaciones me compré una bicicleta de Cross Country. No la más cara, no la mejor de pronto, pero mía y con un gran significado.
En esa bicicleta fui a muchos paseos, con amigos y amigas, a Villa de Leyva, Suesca, La Calera, La Vega, Subachoque y mil sitios más, conocí muchos lugares pero sobre todo a muchas personas como por ejemplo a Gustavo -la moto- Hurtado o a Leonardo –Bulto de Sal – Pineda. No soy el más dedicado de los ciclistas pero tenía épocas de montar mucho y también de usarla en la ciudad, me gusta la bicicleta igual que a mi abuelo, mis tíos y primos.
Hoy 4 de febrero de 2010, en una historia del absurdo que solo puede pasar en Bogotá, Colombia me robaron la bicicleta.
Los hechos: hoy 4 de febrero es el 10 día sin carro en Bogotá, una iniciativa popular que fue aprobada en un referendo votado en octubre de 2000 y que prohíbe la circulación de vehículos particulares como un forma de incentivar el uso de la bicicleta. En los primeros años se consideró un día medio festivo pero actualmente se busca que la productividad de la ciudad se mantenga mientras se reflexiona sobre otros medios de transporte y alternativas de movilidad. Con esta idea de ser productivo pero usando otros medios en mente salí de mi casa a las 7:10 am en la mencionada bicicleta para asistir a una capacitación en Exportaciones organizado por la cámara de comercio de Bogotá en su sede del recinto ferial (Corferias)
Con gran sorpresa descubrí que los parqueaderos de Corferias no estaban habilitados para recibir bicicletas a pesar de que los vigilantes estaban trabajando, los parqueaderos estaban abiertos y que como ellos mismo promocionan en su página de internet tienen capacidad para 3000 vehículos.
Los DOS “amables” vigilantes del edificio donde se llevaba a cabo el evento me dijeron que podía dejar la bicicleta amarrada en un espacio habilitado para tal fin a solo 4 metros de la entrada principal de la sede de la Cámara de Comercio de Bogotá en Corferias.
Aseguramos nuestras bicicletas con nuestras guayas de seguridad donde se nos indicó y entramos al evento de 4 horas.
Al salir descubrimos con el mayor de los asombros, rabia y frustración que mi bicicleta había sido hurtada.
Ni los vigilantes de Corferias, Cámara de Comercio o incluso la policía del programa, oh ironía, Zonas Seguras que estaban a solo 40 metros se hicieron responsables del tema y su única respuesta es que no podían responder por nada, los organizadores del evento tampoco prestaron ninguna atención.
El personal de seguridad de Corferias se negó a revisar los videos de las cámaras de vigilancia afirmando que en el recinto ferial todas las cámaras se encontraban fuera de servicio por unos arreglos en un sistema telefónico, curioso ya que según ellos mismos afirman: “El Centro Internacional de Negocios y Exposiciones de Bogotá, Corferias, quiere que la permanencia de sus compradores y visitantes en la ciudad y al interior del recinto sea lo más confortable y exitosa posible”. Es posible que sea confortable o exitosa pero seguramente no podrá ser muy segura con todas las cámaras apagadas y sin sistemas de telefonía habilitados.
Al final no me queda sino pensar que la inseguridad de la ciudad no es un mito, que no tiene sentido ni presentación que se roben la bicicleta en un sitio con policías, vigilantes privados y 4 o 5 cámaras de vigilancia, que es el colmo que una entidad como la Cámara de Comercio o Corferias no tenga un plan organizado para el día sin carro, que no es el primero , es el decimo ¡!!!, 10 años en lo mismo y no pueden habilitar un parqueadero para las bicicletas!!!! y finalmente que la indolencia de los policías, vigilantes, funcionarios de la cámara de comercio fue tan mala o peor que el mismo robo.
En el aspecto personal que puedo decir, por un lado que es todo un reto aplicar lo que predico diariamente y dejar ir la bicicleta sin explotar de la ira, arruinarme el día o la semana o desearle todos los males juntos al ladrón.
Por otro parte creo incluso en una situación como esta pues lo único que se puede hacer es reírse de uno mismo, disfrutar el siguiente momento y agradecer por los buenos amigos y amigas que nos rodean. Gracias a todos los que me escribieron por Twitter, Facebook y a todos los que están replicando este post . Y claro muchas gracias a Luz que me prestó la bicicleta de Adri para devolverme desde el sitio del robo.
En una escena comica salí hoy de mi casa vestido como un ciclista profesional y llegue en esta bicicleta de canastica.
Juan.